Gerónimo Bortagaray, el fortín charrúa de la Academia Puerto Cabello
LUIS VILCHEZ | Comunicaciones Liga FUTVE
La Academia Puerto Cabello se ha caracterizado por ir de menos a más en los campeonatos cortos. Sin embargo, en este Torneo Clausura ha hecho los deberes desde temprano con un inicio potente en el que se ubica en la tercera casilla con 19 unidades. Pero más allá de los números, ha mostrado un rendimiento futbolístico de alto nivel. Parte de su consistencia nace de la solidez en defensa, con piezas como Gerónimo Bortagaray. El uruguayo es un fortín en la zaga de los porteños, pero con el balón tiene mucho criterio: un central moderno que le permite al equipo desplegar un juego avasallante.
“El balance del Torneo Clausura es muy positivo. Siento que hemos mejorado muchísimo en la idea de juego. Hemos sido superiores en la mayoría de los partidos, aparte de que en esos juegos hemos dominado la mayor parte del tiempo a los rivales. Pienso que deberíamos estar un poco más arriba en la tabla, que hemos dejado muchos puntos en encuentros que merecimos ganar”, dijo Bortagaray. El defensor anexó: “El Torneo Apertura nos dejó la lección de que no hay ningún rival fácil ni existen partidos accesibles. Todos los choques son bastante parejos”.
El uruguayo expuso: “Mi adaptación ha sido buena. Para mí fue un gran cambio, ya que entre Venezuela y Uruguay hay una diferencia de clima; acá hay bastante humedad. Este es un campeonato muy físico, muchas veces los equipos se parten y hay mucho ida y vuelta. No es parecido a mi país, que es más aguerrido y de fricción: en este balompié predominan las transiciones. Muchos de los rivales nos esperan en propio campo para contraatacarnos y eso marca el estilo de juego de vértigo”.
En la zaga de los Guerreros del Fortín ha consolidado una gran dupla con el panameño Jiovanny Ramos, para brindarle gran estabilidad y solidez al cuadro porteño. “Siento que me he complementado muy bien con Jiovanny. No hay ningún tipo de duda de que es el mejor central de la Liga FUTVE, por lejos. Ambos somos rápidos, nos hacemos las coberturas y siento que nos encajamos en el estilo de juego del equipo, por lo cual le aportamos mucho al colectivo en la creación de juego”, señaló el charrúa.
Un guante en el pie
En referencia a su rol en la pizarra de Eduardo Saragó, afirmó: “Con balón, el entrenador me da libertad y variantes para la toma de decisiones; eso me ha generado confianza para aportar mucho en la salida desde el fondo y en la creación de juego. En la parte defensiva, como la mayoría de los equipos nos esperan muchas veces en bloque bajo, al pasar los tres cuartos de cancha los defensas debemos estar en una vigilancia permanente, porque los rivales cuentan con delanteros y extremos rápidos. En todo momento hay que estar atento a los balones largos para interceptar o ganar el duelo aéreo”.
Más allá de su capacidad para ganar duelos, su técnica con el esférico —ese guante que tiene en el pie— casa a la perfección con la filosofía de protagonismo de la Academia Puerto Cabello bajo el mando de Saragó. “A lo que jugamos me ayuda mucho a mi estilo. Tenemos que defender más arriba y estamos más lejos de nuestro arco, entonces es hasta más fácil, ya que somos un elenco que trata de tener la pelota siempre. Al momento de perderla, estamos frescos para recuperarla rápido”, argumentó.
Lo que hacen en el campo se ve potenciado por la infraestructura del cuadro azul y naranja, ya que su sede de entrenamiento es de élite. “Creo que solo los grandes clubes de Brasil o Europa pueden tener unas instalaciones como las que hay en Ciudad Academia. Me potencia muchísimo y te hace ser cien por ciento profesional. Te dan todas las herramientas de trabajo para desarrollarte y crecer cada día. También destaco la parte humana, porque es un lugar donde te hacen sentir como en tu casa. Son una gran familia que hace que a diario des un poco más”.
Cuna de centrales

Foto: Prensa Academia Puerto Cabello
“Pienso que en Uruguay salen muchos defensores por lo aguerrido y mañoso que es el fútbol uruguayo. Ahora con la tecnología y los avances se ha mejorado mucho, pero antes era un estilo de juego muy fiero y pícaro. Tenías que aprender esas mañas, y de chico te enseñaban conceptos básicos y bastante claros en la parte defensiva”, expuso Bortagaray, quien viene de una nación muy rica en cultura futbolera y que se ha caracterizado por producir centrales de élite mundial.
Sobre su crecimiento, comentó: “Mi proceso formativo fue positivo. Realicé las categorías formativas en el interior de Uruguay, en mi ciudad, en un equipo que se llama Salto Uruguay. Desde los 13 me crie jugando con gente grande, entonces se me ha hecho más fácil ese roce. Antes de jugar de central lo hacía de lateral, hasta que en una oportunidad se lesionó un compañero del medio de la zaga, me corrí de la banda al centro y no salí nunca más de esa posición”.
Este recorrido en su país y un periplo por el Viejo Continente —más precisamente en Grecia— han forjado a un central que tiene todos los atributos de la “garra charrúa”, pero que le añade un pie educado para gestionar la creación desde el fondo: un guerrero sin la posesión y un arquitecto con la pelota. Los equipos se construyen de atrás para adelante y, con la dupla Bortagaray-Ramos, Eduardo Saragó ha armado una estructura candidata a que la tercera final sea la vencida.
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