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Alexander Woiski, una promesa que empieza a convertirse en realidad en Táchira

LUIS VILCHEZ | Comunicaciones Liga FUTVE

La industria del fútbol es una trituradora: vive de la inmediatez y no perdona errores. Sin embargo, la pelota no se mancha y siempre le da una oportunidad más al talento. El extremo Alexander Woiski logró que su habilidad retumbara de Mallorca a Buenos Aires. Llegó con muchos reflectores a un gigante como River Plate; sin embargo, lo que prometía ser una película taquillera nunca llegó a las salas de cine. ¿El final? Jamás. Deportivo Táchira tocó su puerta. El aurinegro, obligado a ganar siempre, se reforzó con un diamante en bruto que esperan pulir en la Liga FUTVE TriunfoBet, un torneo donde no se mira la edad, sino la capacidad de rendir en el campo. Poco a poco, el sureño va dejando pinceladas de lo que puede llegar a ser.

“Me interesó venir a Táchira por la llamada del club y la disposición de hacer jugar a chicos jóvenes. Tenía ganas de vivir una nueva experiencia y tomé la decisión junto a mi papá. La adaptación ha sido buena. Estoy trabajando, llevo solo un mes acá. Es una ciudad tranquila y me siento bien”, dijo el argentino. En el encuentro ante el Deportivo La Guaira pudo tener su bautismo de gol, tras una acción a pelota quieta a pase de Carlos Sosa y un remate de larga distancia.

“El primer gol como profesional es lo que muchos chicos sueñan. Tuve la oportunidad de hacerlo hace un par de semanas y estoy contentísimo. En ese momento me acordé mucho de mi familia y, sobre todo, de mi proceso, de todo lo que trabajé para que se diera. Estoy agradecido con Dios por la oportunidad”, comentó. Aunque parecía una acción del laboratorio de Álvaro Recoba, no fue así. “Había una acción parecida, pero esta no la ensayamos. Miré a Carlos (Sosa), había hablado con él un par de jugadas antes para que se fijara en mí. Me observó, nos hicimos señas con los ojos y sabía que me la iba a dar. Tuve la suerte de que pateé bien y fue gol”, reveló.

Sobre la posibilidad de tener un técnico de la talla del uruguayo, explicó: “Que te dirija el ‘Chino’ es un honor. Fue un jugador impresionante, con una zurda mágica, como le gusta decir a mi papá. Lo que me pide con la pelota es que juegue como yo sé, con tranquilidad, que encare y me arriesgue. Eso es lo que estoy tratando de hacer: sacar mi mejor fútbol y ayudar más al equipo. Luego, sin la posesión, nos solicita que todos corramos y metamos. Que seamos solidarios, no mucho más”.

Formación de élite

“Mis inicios fueron en el club de barrio de mi colegio; era una actividad extraescolar. Mi papá y mi mamá pagaban las cuotas todos los meses. Siempre me ha encantado el fútbol, vivo y muero por este deporte. Luego pasé al Mallorca con siete años y jugaba contra nenes de nueve. A partir de ahí me fui adaptando; casi siempre estuve jugando contra chicos un año mayores”, relató. El atacante agregó: “Por el tema de la disciplina, mientras jugaba al fútbol, mi papá me metió en taekwondo por la humildad, la mentalidad y el trabajo. Fue muy insistente en eso y puedo decir que soy cinturón negro en esa arte marcial”.

Woiski profundizó: “Me ayudó mucho a sobrellevar todo el tema mental, a utilizar la cabeza para otra cosa que no fuese el fútbol. Despejarme un rato, porque pienso que una pausa de vez en cuando viene bien para prepararte para lo siguiente”. A nivel de clubes, señaló: “Estuve 12 años en Mallorca, hasta los 19, cuando llegó River. Se dieron las cosas más o menos y ahora tengo esta oportunidad en Táchira”. Aunque su biotipo remite a un jugador escurridizo y pegado a la línea de cal, por mucho tiempo su hábitat fue el punto penal.

“Jugué mucho tiempo de ‘9’, pero fue hace bastante tiempo. El prototipo de ‘9’ cambió: ahora buscan a un jugador alto y fuerte. Siempre fui un jugador que se ubicaba más en la banda, que bajaba a recibir, a resolver y luego tenía la portería enfrente. Me quedé en esa posición un poco más atrasado del centrodelantero para poder repartir juego y tener mucho contacto con el balón”, resaltó. En la tierra de los vigentes campeones del mundo forjó su conocimiento táctico.

“Los conceptos que tengo más interiorizados son la ocupación de espacios. Pienso que me ubico bien dentro de la cancha y trato de ser una solución para los compañeros. Me gusta que me busquen en los momentos en que el equipo no puede salir o no está cómodo. Ahí, que me den el balón y yo resolver haciendo paredes o liberando espacio con el uno contra uno. Esa ocupación de espacios de forma racional y la toma de decisiones fue lo que más integré”, afirmó.

La presión como hábito

Foto: Prensa Deportivo Táchira

“Vengo de un club enorme; para mí, el más grande de América, como es River Plate. La presión es muy grande ahí y me sé manejar bien en ese ámbito. Entiendo que la hinchada pide mucho porque sabe lo que podemos dar. Uno trata de responder siempre en la cancha. Ciertamente todas esas experiencias me ayudaron mucho”, dijo el argentino, quien tiene que convivir en la actualidad con una afición exigente, un ecosistema de radios que respiran fútbol y el peso de la historia del Carrusel.

El atacante indicó: “Esas experiencias me ayudaron mucho a crecer como jugador y también como persona, porque te ayudan mucho a trabajar la parte mental, que es muy importante para un jugador de fútbol”. En referencia a su estilo de juego, señaló: “Me defino como un extremo rápido, con buen uno contra uno, que toma buenas decisiones y que va para adelante. Soy de ir a encarar. Lo que me gustaría mejorar es encontrar algunas veces más pases filtrados, asistencias de gol, que lo tengo, pero todavía no los he sacado”.

Esto dentro de la cancha, pero ¿cómo es su día a día en Táchira? “Soy tranquilo, me gusta estar mucho en casa, cocinar y hacer recetas. Trato de hacer cosas nuevas, aprender, y me gusta leer. La gente de San Cristóbal es muy amable, uno se siente muy querido. Trato de devolverle todo eso a la hinchada. Esta es una ciudad muy tranquila y es justo lo que necesitaba. Estoy muy contento”, confesó.

Woiski cerró: “Las metas son claras: ganar todo lo posible con el club y ayudar en lo que se pueda a mis compañeros. Colaborar con el cuerpo técnico para que se vayan dando los resultados. Esto se trata de ir semana a semana, ganar cada semana. Si vamos paso a paso, estoy seguro de que todo irá muy bien”. El camino del extremo argentino inició con buenos augurios y promesas. En el pasado reciente no se diluyeron, solo que no han ido al ritmo de las expectativas de la prensa. Hoy, en San Cristóbal, se cristalizan poco a poco.

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